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En las afueras de Furnas, en la isla de San Miguel, la mayor del archipiélago, se encuentra una caldera, con oquedades donde se pueden ver lodos en plena ebullición. Desprenden calor y de ellos sale a borbotones la tierra hirviendo. Como cada mañana, los micaelenses destapan los agujeros situados alrededor de los cráteres y colocan en su interior grandes ollas con carne y verduras. Seis horas después se produce el desentierro: no hay que demorarse, el cocido está listo para comer y es un gustazo.

Muy cerca se encuentran las piscinas naturales de aguas férreas, con temperaturas en torno a los 28º C. del Parque de Terra Nostra, un vergel tropical de 12 hectáreas con plantas exóticas.

Claro que no es lo único que hay que hacer en este isla. Este es también el mejor lugar para observar cetáceos, hasta más de veinte especies distintas entre ellos las ballenas azules, el mayor animal sobre la faz de la tierra, con cerca de 30 metros y hasta 150 toneladas.

Por supuesto hay que disfrutar de la capital, Ponta Delgada, con su arquitectura peculiar en blanco perfilado del negro del basalto. Hay que pasear por su Praça de Gonçalo Velho Cabral, contemplar las Portas da Cidade, de 1783, levantadas en el punto exacto hasta el que llegaba el mar. Tras ellas se vislumbra la torre de la iglesia Matriz, con una hermosa portada de estilo manuelino en piedra blanca que fue traída ex profeso del continente.

Otro de los lugares de encuentro en la isla es la avenida Infante Dom Enrique, conocida como la Marginal. Durante el día, por su agradable paseo marítimo; durante la noche, por sus animados bares que despliegan sus terrazas en cuanto hace buen tiempo. Hay que visitar los lagos de increíble belleza, bosques casi impenetrables con vegetación exótica, volcanes y pequeñas playas.

La llamada "isla verde" es considerada por muchos como la más bonita y la más diversa de las Azores. La mitad Este está dominada por amplias extensiones de campos de té. La mitad Oeste, por lagos y montañas. A ambos extremos se llega por sinuosas y estrechas carreteras que se retuercen entre paredes de musgo. Los miradores del Pico do Carvão, Vista do Rei y Cerrado das Freiras, con sus espectaculares vistas sobre pequeñas lagunas, constituyen el preludio de lo que aguarda a 550 metros de altitud, en Sete Cidades. A la derecha, el lago Verde, a la izquierda, el Azul. Cuenta la leyenda que ambos lagos, formados en las antiguas bocas de un volcán, son producto de las lágrimas derramadas por dos enamorados, una princesa de ojos azules y un pastor de ojos verdes que fueron obligados a renunciar a su amor. Ambos lagos forman la imagen más repetida en todos los folletos turísticos que proponen las islas Azores como gran destino de naturaleza.

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Fuente: Salir de Viaje 2016 © Enrique Sancho/Carmen Cespedosa Open Comunicación ©
Fotografías: Open Comunicación © Todos los derechos reservados 
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Saborear el cocido bajo tierra de San Miguel
Pero si falta algún tiempo para que estas obras sean visibles y que el “nuevo” Puerto de la Cruz sea una realidad, ya ahora es posible disfrutar de muchos de sus atractivos. Estas son diez experiencias que hay que tener:
Tenerife - Islas Canarias